Los seres humanos hemos superado las necesidades impuestas por la simple supervivencia para alumbrar nuevas formas de percepción de la realidad. Más elevadas. Si hubo un tiempo en el que todo lo que se movía era suceptible de ser alimento, hoy, valores como los de la ética nos impiden pasar determinadas rayas autoimpuestas sobre la depredación de la fauna.

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Hurones en peligro de extinción.

Hurones en peligro de extinción.

Ése es precisamente el debate que se ha abierto entre los conservacionistas y una nueva forma de recuperar especies amenazadas por la extinción. A vueltas con la vida de hurones y de hamsters. De lo que se trata es de determinar dónde queda la ética cuando para recuperar a una especie hemos de sacrificar a otra. Salvar a hurones y condenar a hamsters.

Es el caso que se plantea para los conservacionistas de Estados Unidos, a los científicos de un programa de recuperación de hurones, y, por extensión, al público amante de la naturaleza en general.

Un programa que intenta recuperar a las poblaciones originales de hurones del Medio Oeste americano proporcionando cebo vivo formado miles de hamsters dorados. Animales, éstos últimos, criados en cautividad y dispensados a los hurones, como alimentación y multiplicar su número, para garantizar su supervivencia, pero también para entrenarlos en la caza que tendrá que ser al final su forma de subsistencia. Se trata de los hamsters que usted mismo puede comprar en una tienda de animales.

En 2008, el programa de reintroducción de los hurones del Medio Oeste sacrificó 3.200 hamsters, en 2009, ya fueron 4.100 hamsters, un 70% fueron ofrecidos vivos a los hurones y un 30% muertos, sacrificados por los veterinarios del programa con CO2, según las directrices de la Asociación Médica Americana para la Eutanasia. Hamsters que fueron reproducidos en el Hurón Centre (Ferret Centre) americano.

Aún más, en los dos últimos años registrados se produjeron otros 7.300 hamsters cuyo único destino era servir de alimento a los hurones, 5.100 de ellos todavía siendo crías.

Los conservacionistas se preguntan cómo se puede dar de comer a los hurones con cebo vivo y si está permitido. Y también -y volvemos a hablar de ética- si la vida de los hamsters vale menos que la de los hurones. Y más si prestamos atención a los resultados de un estudio publicado en 2006 en una conocida revista científica americana que demostraba que los roedores sienten un tipo de empatía que les lleva a sufrir por el dolor de otros roedores.

Los conservacionistas se preguntan también sobre cual es el costo por animal de la reintroducción de esta especie y si no hay otras formas menos agresivas de conseguirlo y hasta más económicas. Algunos analistas aseguran que, bajo determinadas condiciones, un hurón adulto reintroducido puede haber costado a la Administración de los Estados Unidos alrededor de un millón de dólares, unos 900.000 euros.

¿Son los animales un fin en sí mismos? ¿son los animales salvajes también meros recursos económicos que se pueden reproducir en cadenas de montaje biológicas como hacemos con los animales de granja?. La historia de los hamsters sirviendo como comida de hurones en peligro de extinción es un debate abierto entre los conservacionistas de algunos estados del centro de Estados Unidos que se preguntan dónde queda la ética en todo este asunto. Los más radicales incluso han sugerido que este asunto pueda acabar por crear una conciencia en relación con los animales salvajes. Relación que se puede resumir en cuatro directrices:

– No hacer daño intencionado a los animales. – Respetar la vida de los animales. – Tratamiento de los animales con compasión. – Acceder con respeto y cuidado a los lugares que son hábitats para los animales.

De lo que se trata, en definitiva, es de hacer valer un principio, el de que nuestra evolución nos ha permitido alcanzar un estado de conciencia en la que la protección de las especies que no pueden protegerse a sí mismas ha de ser para los humanos una prioridad natural.

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