La pluma de un ave es una estructura que, en esencia, no se diferencia mucho del pelo o de las uñas de los seres humanos. La rigidez y la dureza de las plumas es el resultado de la presencia de queratina en su constitución, un tipo de proteína que también encontramos en las uñas y en el pelo humanos. Las plumas no pueden regenerarse cuando resultan dañadas o cuando pierden su función. Han de ser reemplazadas por completo.

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A esta sustitución de una parte o de todas las plumas de un ave se le denomina muda y se produce en un momento de la vida del animal, de acuerdo con su sexo o con una serie de condiciones temporales.

La muda, desde el punto de vista químico, obedece a una serie de cambios hormonales desencadenados por esas alteraciones estacionales o de comportamiento propia de los animales salvajes. Se trata de un proceso complejo y algunas de sus fases se resisten a la comprensión de los especialistas.

En términos generales, se puede hablar de dos tipos de muda en todas las aves, tanto domésticas como las de canarios y loros, como en animales salvajes, mudas que ofrecen diferentes grados de sustitución de plumas. Por un lado, la sustitución total de las plumas y, por otro, la sustitución sólo parcial.

Uno de los inconvenientes de la muda para las aves es el extraordinario gasto de energía que supone. Por esa razón, suele producirse en momentos del año en los que el animal está en mejores condiciones, en épocas en las que está mejor alimentado y presenta un mayor vigor físico, como sucede después del anidamiento y antes de la migración estacional.

Por esa razón, es recomendable proporcionar piensos y suplementos extras a nuestras mascotas aladas en el tiempo de la muda, como nos recordará cualquier responsable de una tienda de animales donde solamos acudir a comprar este tipo de alimentación para aves de compañía.

Y en lo que se refiere a la sustitución natural de las plumas, no importa que nuestros canarios o loros ya no sean animales salvajes, la llamada de la naturaleza se sigue produciendo en cada muda.

Visto ésto, se suele clasificar los momentos de la muda en dos periodos generales muy concretos: la del invierno que no tiene relación con la finalidad reproductiva y la muda de verano que sí se asocia al momento de la cría.

Sin embargo, observando las particularidades de las mudas de muchas de las especies de aves por todo el mundo, hay suficientes excepciones a esta regla temporal como para considerar que los factores locales del clima y los que imponen las condiciones de los hábitat son factores importantes que influyen en la muda de las aves.

Estos son los casos de algunas aves tropicales, entre las que se incluyen a nuestros loros de compañía, o de otras que viven en las costas marinas. No siguen los patrones de doble muda estacional. Un caso muy evidente es el de la gaviota argéntea que necesita hasta cuatro años para hacer su primera muda de adulto. En este caso, las crías mantienen sus plumas oscuras para favorecer el camuflaje en entornos terrosos, propios de las costas, y mientras se capacitan para el vuelo.

Para poder reunir todas las condiciones de las mudas los especialistas han buscado patrones de cambios de pluma que puedan acoger la totalidad de las opciones posibles para la aves y en todos los entornos naturales. Tarea difícil, pero se trata de algo muy propio de la metodología científica.

Así, se habla de un plumaje básico cuando el ave lo mantiene durante mucho tiempo y las mudas se suceden con eliminaciones de plumas parciales indispensables para mantener las mejores condiciones de vuelo.

Los cambios producidos por las mudas para introducir plumas más coloridas que utilizar en los cortejos nupciales (que tienen en realidad una finalidad última reproductora) se denomina en algunas escuelas como plumaje alternativo.

También hay aves que tienen dos mudas al año, una total y otra parcial prenupcial. Plumas nuevas que son más coloridas y brillantes, como las de los loros y de alguna forma también las de algunas razas de canarios de jaula.

Otras variaciones afectan sólo a los machos, que pierden determinadas plumas a cambio de otras sustitutas también más vistosas. Otro patrón de muda es el de la sustitución de todas las plumas del cuerpo en dos momentos del año señalados que no tienen nada que ver con los genéricos de primavera y otoño. Cambios que vienen a ser una respuesta biológica al desgaste de las plumas en entornos agresivos para unas piezas del cuerpo de las aves tan sensibles y débiles e importantes para el vuelo y, por extensión, para la supervivencia de estos animales.

Otro patrón de muda alternativo es el de algunos animales salvajes como las rapaces. Algunas especies de águilas cambian sus plumas al completo al cabo de un lustro. Aún más, a las gaviotas se las suele clasificar también por las mudas en gaviotas de tres o de cuatro años por idéntico motivo.

En algunos casos estas aves marinas llegan a emplear hasta cuatro meses en efectuar una sustitución de plumas, que se desarrolla lenta y gradual. La evolución les ofrece la oportunidad de hacerlo sin menoscabar las cualidades del vuelo y las de la protección de sus cuerpos.

La muda es, por tanto, una maravilla más de una maquinaria biológica bien ajustada que funciona para preservar la vida y la difusión de las especies. Y, por extensión, una maravilla en provecho de la biodiversidad.

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