Los ojos, la vista de los animales salvajes están adaptados a sus hábitos naturales. Esto sucede de una manera muy clara con los reptiles. Con geckos y con serpientes sin ir más lejos.

La vista es algo muy valioso en estos géneros animales, por ello, los reptiles protegen sus ojos de muchas maneras, algunos incluso tienen lo que podríamos decir que son lentes biológicas, que resultan una adaptación natural al medio y son muy eficientes.

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Pero no hay uniformidad en esto de la visión, de entrada, no todos los reptiles ven su entorno de la misma forma. La posición de los ojos, el número de células sensibles a la luz de sus ojos, son fundamentales para determinar el alcance de la vista, la profundidad de campo y hasta los colores que se pueden percibir. Un caso muy exótico es el de algunas serpientes que pueden ‘ver’ la tibia sangre de sus presas al detectar el calor que emite el animal.

Los reptiles, que incluyen a nuestros geckos y serpientes, deben ver con claridad a sus presas en entornos acuáticos, fangosos, extraordinariamente verdes y homogéneos, detectar su movimiento y todo a pesar del inconveniente de presentar ojos que pueden ser muy pequeños en proporción al tamaño del cuerpo (caso de las serpientes, por ejemplo).

Pero, el ojo de los reptiles no es, en el fondo, muy diferente del humano, las ondas de luz que reflejan los objetos superan la ‘ventana’ del ojo que llamamos córnea y entran por la hendidura del iris que es la parte coloreada del ojo que denominamos pupila. En la parte posterior del ojo, unas estructuras biológicas sensibles a la luz, los bastones y los conos, interpretan la impresión visual y la remiten como imagen al cerebro.

Los geckos suelen estar expuestos a luz muy intensa en el medio desértico en el que viven. Para evitar ese exceso de luz, son capaces de cerrar sus partes sensibles de los ojos para dejar apenas cuatro diminutos orificios estratégicamente situados. Con esos cuatro puntos sensibles en los ojos, componen finalmente cuatro imágenes superpuestas en su cerebro. El caso de la serpiente es más curioso, utiliza su hocico para alinear la mirada y componer las imágenes resultantes.

Una diferencia muy notable de los ojos de los reptiles es el aprovechamiento del párpado doble. Uno interior y otro exterior, el interior es más grande y más dinámico que el exterior y funciona como ‘limpiador de lentes’. Ese es el caso de las serpientes que no pueden parpadear y utilizan ese barrido del párpado interior para crear el mismo efecto. Los geckos, además, se ayudan de lametones de su lengua para limpiar la superficie del ojo e hidratarla. Ya vemos que hay de todo para garantizar una buena visión.

¿Y los colores? Resulta fundamental distinguirlos. Algunos insectos venenosos que tienen por comida los reptiles se dejan ver con una librea de color rojo, como una señal de alerta. La capacidad de ver este color resulta, por tanto, fundamental para la supervivencia.

Pero, por contra, las serpientes no son sensibles a los colores, no los ven. Para cubrir esa deficiencia aparente tienen un mecanismo aún más evolucionado, son capaces de ver dentro de la franja de infrarrojos. En situaciones de poca luz, o ninguna, pueden percibir formas, que, es suficiente para detectar la presencia de depredadores o, mejor, de presas que les sirvan de alimentación.

Aún más específico, algunas serpientes son capaces de detectar, de ‘leer’ el calor corporal. Esos sistemas de detección están situados en el mejor de los sitios posibles de su cuerpo, entre las fosas nasales y los ojos, a cada lado de la cabeza.

Son miles de terminaciones nerviosas que conectan directamente con el cerebro donde se perciben como señales procedentes de los ojos. El resultado es una imagen de calor que puede revelar la presencia de un organismo de sangre caliente. La sensibilidad es tal que pueden detectar cambios de temperatura de medio grado centígrado.

Los geckos van aún más lejos, en sus retinas hay unas diminutas cantidades de una solución oleosa que funcionan como fotorreceptoras y que detectan el color. Se trata de una proteína denominada opsina que es sensible a diferentes longitudes de onda, más allá del alcance de la visión humana y en el rango de los ultravioletas.

Algunas variedades de geckos nocturnos utilizan sus músculos oculares para contraer y dilatar sus pupilas y adaptarse a las condiciones especiales de luz en cada momento.

Como se puede ver, la visión de los animales salvajes que llamamos reptiles, de geckos y serpientes, que disfrutamos como mascotas; resulta muy elaborada, muy compleja, muy especializada.

Cuando disfrutamos en casa de estos animales exóticos, no sólo tenemos un trozo asilvestrado de la naturaleza, sino también un organismo con sensiblidades únicas que están mucho más allá de nuestras capacidades.

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