Cobayas y chinchillas se enfrentan de una forma totalmente diferente a sus partos. Estar atentos a la forma en la que sucede todo y reconocer las complicaciones potenciales es una de las mejores formas de mantener controlado todo el proceso.

Mamá cobaya con bebé cobaya

Mamá cobaya con bebé cobaya

El momento del parto es cosa complicada de reconocer en las cobayas. Con muchos animales salvajes, solemos ver que va a suceder porque sus hembras suelen hacer nidos. Sin embargo, en el caso de las cobayas, no es así, no hacen refugios para tener a sus crías.

Para conocer que van a dar a luz hay que fijarse en los detalles. Alrededor de una semana antes del parto, las cobayas hembras abren los huesos de la pelvis justo en un punto situado delante de sus genitales. Horas antes del parto, la separación puede alcanzar el centímetro de longitud.

Pero en todo esto hay un riesgo. Hay hembras que quedan preñadas después de los siete meses, cuando los huesos de su pelvis ya se han consolidado y soldado. Si es así, estas hembras no podrán parir y morirán en el parto. La solución en estos casos, como sucede en los humanos, pasa por una cesáera. La cesárea será la única forma en la que se puede salvar la vida de la cobaya hembra y de su camada.

Así, resulta de vital importancia, si buscamos que nuestras cobayas se reproduzcan, que cuando las vayamos a comprar en una tienda de animales, las hembras no superen esta edad por los riesgos que conlleva.

En el caso de que todo vaya como tiene que ir, que el parto sea natural, la hembra de cobayas dará a luz en el plazo de media hora y requerirá de unos cinco minutos para alumbrar a cada una de sus crías. Para una hembra de cobayas en su primer parto, lo normal es contarle tres crías de promedio, para una que ya haya sido madre, se pueden sumar hasta seis crías por camada.

Dos comentarios importantes. Uno es en relación con los abortos, que suelen ser frecuentes entre estos animales salvajes, el otro es la incidencia de la toxemia una enfermedad derivada de los partos de las cobayas y que inciden en la tasa de mortalidad de estos pequeños animales de compañía.

La toxemia es una enfermedad que se detecta en las cobayas hembras en su segundo embarazo y que resulta más acusada en animales con exceso de peso. Los síntomas son respiración entrecortada, falta de apetito, salivación extrema, letargo, o, peor, ningún síntoma y muerte repentina. Algo que hay que tener muy presente.

El parto en las chinchillas

Vayamos ahora a las chinchillas y a sus partos. A diferencia de las cobayas, sus nacimientos están coordinados con el reloj. Suelen dar a luz por la mañana temprano. Se suele ver a las chinchillas hembras moverse nerviosas antes mientras dilatan. El parto suele prolongarse entre los treinta y los cuarenta minutos.

Lo normal es que las hembras se saquen sus crías ellas mismas con sus dedos, si no fuera así, si hubiera un atasco, hay que intervenir y acudir a un veterinario porque el riesgo de muerte para la madre y para las crías es evidente. La norma, en cualquier caso, es no ayudar a retirarles las crías durante el parto.

Una vez nacidas, hay que recogerlas con un paño limpio, secarlas bien y ofrecerles calor. No debemos alarmarnos si vemos que con posterioridad la hembra de las chinchillas expulsa su placenta y comienza a comérsela. Se trata de una asimilación natural de nutrientes, de vitaminas, que le serán fundamentales para recuperarse del parto.

Lo normal es que la camada nazca con pelo, que las crías tengan dientes y que puedan abrir sus ojos desde el primer momento.

Una peculiaridad. La hembra, tras el parto puede entrar en celo nuevamente y si el macho está en los alrededores, puede quedar irremisiblemente embarazada. Algo que deberemos evitar si no queremos más crías.

Otro motivo para evitarlo es la vulnerabilidad de la hembra, que, nuevamente embarazada, puede quedar débil. Lo habitual es separarla del macho un mínimo de diez días después del parto. Si no es así, la hembra podría quedar embarazada una y otra vez en un bucle en el que podría perder su salud y hasta su vida.

Es recomendable sexar a las crías de chinchillas para reconocer su sexo. Los machos tienen un pequeño cono situado algo lejos del ano, en el caso de las hembras, esta protuberancia está muy junta.

La alimentación dedicada, piensos, suplementos y comida específica, tanto de la hembra como de las crías, vendrá después, la de la hembra para recuperarse, la de las crías para ganar la partida a la vida.

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