Los pelos más o menos largos, más o menos destacables, de cobayas y conejos se llaman vibrisas, el mismo nombre, la misma funcionalidad, de los que pueblan la cara de los gatos y a los que llamamos de manera menos técnica, bigotes.
Es bastante común que a las cobayas y conejos con más pelo se les ayude durante los meses de calor a hacerles más llevaderos los rigores del estío, especialmente en zonas o en domicilios con poco aire y ventilación, todo, para darles un respiro.

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La vibrisa ayuda al conejo a percibir su entorno. De ahí su importancia.

La vibrisa ayuda al conejo a percibir su entorno. De ahí su importancia.

Algunos cuidadores de cobayas y conejos, llevados de más amor a su mascota y determinación que sentido común, hacen de su capa un sayo y cortan con más confianza que habilidad algunos pelos de la cara, entre ellos, las vibrisas. Se trata de un error, un error que puede comprometer el bienestar y, de alguna manera, la salud de conejos y cobayas.

Porque las vibrisas no son pelos, como los demás, o, por decirlo de manera sencilla, son pelos distintos, tienen una base celular, porque su función es sensorial, aún más, tienen un cometido social. De la misma manera que pueden atisbar con ellos lo que hay en su entorno con su capacidad de recepción química, también les sirve para relacionarse, marcar y reconocerse entre los de su especie.

Pero no se preocupe en exceso, si le ha cortado las vibrisas a su mascota por error, el problema no es extraordinariamente grave, acabarán desarrollándose nuevamente, aunque de una manera mucho más lenta.

El problema surge con el tiempo que pasa sin que el animal pueda valerse con esa ventaja natural, con uno de sus sentidos, tal y como nos recordará con su experiencia cualquier responsable de una tienda de animales donde solamos comprar comida, piensos y suplementos para nuestras cobayas y conejos.

A las vibrisas de cobayas y conejos se les llama en realidad vibrisas mystaciales, por esa función sensorial. Ninguna de las configuraciones de esos pelos de la cara de ambos animales está dispuesta al azar o es un capricho de la naturaleza para embellecer. Si pudiéramos verlas al detalle de manera selectiva, podríamos comprobar cómo están ordenadas por filas y por bandas, formando arcos en su proyección hacia adelante y hacia los lados.
Cada folículo del que parte una vibrisa está constituido por entre cien y doscientas células nerviosas de las de tipo primario, receptoras. Estas células funcionan como puente para un número aún mayor de los llamados mecanoreceptores de los que se conocen casi una decena diferentes. Es un sistema eficiente, combinado e interconectado para satisfacer las necesidades de exploración de estos animales.
Lo sorprendente es que, a pesar del tamaño y la aparente poca complejidad del sistema nervioso de conejos y cobayas, resulta que la zona en la que se disponen las vibrisas y sus células tienen correspondencia con hasta 1.500 neuronas dispuestas en el cerebro que están ahí para recibir esas sensaciones. El sistema es más complejo de lo que parece.

Se trata de sensaciones táctiles que no son en modo alguno las de la piel, pero que son sus complementarias.
Pensemos que cobayas y conejos tienen una vida que discurre por hábitats oscuros y bajo superficie, lugares que conocemos como madrigueras, en las que la falta de luz es común y la percepción por olores y vibraciones del aire son la ventaja evolutiva que la naturaleza ha reservado para esas vibrisas que tan graciosas parecen porque nos recuerdan a nuestros bigotes y mostachos.

Si tuviéramos que comparar las vibrisas con algo humano que nos resulte familiar, habríamos de recurrir no a los bigotes humanos, sino a los pelos de la nariz, que son todo lo que nos queda de las vibrisas que en otra época portaron nuestros ancestros. Es cierto que ahora nos sirven para poco, y, de alguna manera, son molestas, funcional y estéticamente, pero representan también nuestros pequeños pelillos sensoriales.

Si desea hacer algo por mejorar la temperatura de su mascota bigotuda en los meses de verano, tenga cuidado con las vibrisas, verlas, pero no tocarlas.

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