Conejos y cobayas son mascotas con una forma muy diferente de jugar y de enfrentarse a la diversión a la que puede dar lugar la interactuación con diferentes objetos elegidos para ese fin. Veamos cómo juegan conejos y cobayas y qué podemos hacer para mejorar su ánimo con el juego.

El juego es un medio para socializar dentro del grupo la misma especie

El juego es un medio para socializar dentro del grupo la misma especie

Los conejos son animales de alguna manera juguetones, sí, juegan, pero, no esperemos de ellos que se diviertan como lo hacen los hamsters o los hurones. El juego, o un tipo muy variable de juego, está presente en todos los animales como medio de socializar su comportamiento, aprender o interactuar dentro del grupo de congéneres de la misma especie.

Es más, el juego, a veces, es parte de la manera que tienen los animales de estar sanos. Como sucede con algunos roedores que juegan con objetos de madera para desgastar sus piezas dentales e impedir que se les claven en la base del cráneo o que les impida comer por su largura.

Pero, volviendo a los conejos, con ellos, no va toda esa parafernalia festiva que vemos en el caso de los roedores más pequeños. De hecho, no hay nada específico para los conejos que podamos comprar en una tienda de animales.

Nada de cascabeles, nada de escaleras y de crear dos niveles en su jaulón, nada de balancines de vivos colores, porque los mirarán con poca atención, cuando no los ignorarán totalmente.

Así, si juegan, cómo y a qué juegan. Bueno, sólo tenemos que mirar sus costumbres, buscar elementos que sean afines a esa forma de interactuar de forma desenfadada con su entorno inmediato y obtendremos las pistas que necesitamos.

Los conejos viven en agujeros que ellos mismos horadan, agujeros oscuros y desnivelados, en medio de texturas ásperas, las de las tierras y raíces ¿Se le ocurre ya cuál es la fórmula más factible para el juego de los conejos?

Pues sí, utilizar tubos de cartón resistentes que no tengan elementos que se puedan despegar, ni punzantes que se les atragante, lo suficientemente amplios -o estrechos- para que quepan, para que transiten por ellos.

Colocados algo lejos de su comida, de sus piensos, de la alimentación y del agua que necesitan, para que no se queden sin ella si se empeñan y pierden el control con sus nuevos retos.

Además de los tubos que podemos encontrar formando parte de los rollos de tela, también se pueden emplear como juguetes las piezas textiles más ásperas que encontremos, telas que tampoco contengan tintes tóxicos y que les sirvan para enredarse.

Así, ¿cómo sabremos que hemos acertado? Pues por la insistencia en jugar con esos nuevos elementos de su jaula, por sus movimientos nerviosos dentro de la jaula e, incluso, por las cabriolas que en algún momento se les deje ver en sus juegos en grupo. Esa será la satisfacción por haber acertado, porque el juego es parte de la salud de cualquier mascota.

¿Y qué se puede decir del juego de la cobayas? Pues que, comparadas con los conejos, son, al entender de los humanos, más extrovertidas, más juguetonas, porque hacen lo que esperaríamos de unos roedores, o casi.

Y sí, en las tiendas de animales podremos comprar toda una serie de equipamientos para el juego de las cobayas. Es decir, ruedas o pelotas de tamaños similares aunque de texturas diferentes.

De todas maneras, a las cobayas hay que estimularlas al juego en algunos casos y no todas aceptan entrar en los laberintos de plástico en forma de tubo que tan buen juego dan también con los hamsters.

Si de verdad se quiere ver a las cobayas jugar, hay que aprovecharse de su sentido innato de la curiosidad. Podemos poner esas norias y esas pelotas, pero no dentro de su jaulón, sino en cualquier lugar cerrado de nuestra casa y disfrutar de lo que hacen con ella en semilibertad o, algo mejor, lo que hacen con los bajos de las cortinas, con las patas de los muebles altos, con los laterales del sillón de tela.

Las cobayas pueden descubrir toda su curiosidad en esos momentos al tiempo que los cuidadores más entregados pueden descubrir, con la misma expectación, lo que hacen las cobayas. Ese puede ser uno de los placeres de la convivencia estrecha con esta mascota singular.

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