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Los jerbos y los hamsters se parecen. Se parecen para las personas que no están familiarizados con ellos. Pero hay diferencias, físicas, desde luego, y de comportamiento, muchas más. Una de esas diferencias es, lo que podríamos llamar el carácter, la predisposición natural, instintiva de estos animales a admitir el trato, el contacto y la proximidad humanas. El jerbo resulta más sociable que el hamster, sobre todo si el segundo no ha tenido oportunidades de entrar en contacto con las personas durante su proceso de crianza y en la tienda de animales, la misma en la que podemos comprar su comida tan particular.

Los simpáticos hamsters son muy jugetones

No se trata de adiestrarlos, simplemente tocarlos sin que se asusten, acostumbrarlos al calor y a los movimientos humanos. Los jerbos se dejan manipular si se tratan con delicadeza, los hamster pueden llegar a morder si no tenemos la paciencia suficiente. Se trata de su reacción instintiva, porque el animal cree que va a ser atacado. Sólo éso.

Tanto los jerbos como los hamsters, han de pasar una especie de ‘cuarentena’ cuando se les trae a casa, su nuevo habitat. La ‘cuarentena‘ no supone otra cosa que privarles de ruidos, corrientes de aire, sombras, luces, movimientos y escenarios demasiado llamativos que contribuyan a estresarlos. Lo más habitual es colocarlos en un lugar apartado donde puedan adaptarse a su jaula, a los juguetes, a los colores y a las formas de su nuevo entorno de forma que los puedan asimilar sin contratiempos.

Algo muy importante durante este periodo de ‘cuarentena’, de adaptación, es hablarle, sí, comunicarle nuestra voz, nuestro tono, familiarizarlo con él. El lugar más idóneo puede ser junto al teléfono de casa, por ejemplo, donde estamos obligados a hablarle por hablar con quien llame. No hay que olvidar que durante este periodo de adaptación no es conveniente cogerlo con las manos.

¡Ah!, una nota curiosa, el proceso de asimilación mejora si se le proporciona una fuente de música suave, clásica, así por lo menos lo asegura algún estudio sobre el comportamiento de estos animales en cautividad que se puede consultar en las librerías especializadas de las tiendas donde podemos comprar comida para hamsters o productos para mascotas.

El tiempo en el que el jerbo y el hamster han de estar en cuarentena va a depender de sus propias capacidades individuales para admitir la presencia de su cuidador. Cuando el animal no se asuste al notar nuestra presencia, podremos pasar a la siguiente fase, introducir la mano dentro de la jaula sin moverla en absoluto, permitiendo que huela el olor de la piel, que reconozca a la persona por el aroma de su piel. Es muy importante, por tanto, no añadirle olor alguno que distorsione el propio aroma, nada de jabones y perfumes.

Cuando, tanto el jerbo como el hamster, se muestren confiados, podemos agregar a nuestra mano una golosina, algo que atraiga su interés, su apetito y su atención, por ejemplo, una pipa de girasol, una uva, un cacahuete, pelado, mejor, si es posible, o algunos trocitos pequeños de manzana recién cortada. Se trata de adivinar cual es la reacción del jerbo y del hamster para elegir la golosina que más le guste. Es conveniente probar varias y observar su reacción, elegir la pieza a la que le haya prestado más atención.

Lo demás, será colocar ésa sobre la mano y dejar que mordisquee directamente sobre tu mano. Es importante realizar la misma operación durante varios días hasta obtener una familiarización total con su cuidador. Por último, cuando lo veamos conveniente, pasaremos a la acción, lo acariciaremos suavemente, lo más natural posible, siempre con suavidad.

Es gratificante ver que, con el tiempo, llegará a identificar la mano amiga, atender a una voz familiar, o las voces de las personas de la familia. Reconocer quién lo trata bien, se puede convertir en el preludio de un contacto físico, que, en el caso de los niños, cuando también se les ha educado en el buen trato a los jerbos y a los hamsters, puede abrir a la posibilidad del juego compartido, en el que el niño interacciona con un animal que tolera y comparte su presencia.

¿A qué jugar con un hamster o con un jerbo? Poco a poco, se puede complicar el juego y la interacción, no hay que olvidar que, si no sienten temor, por instinto, son animales muy curiosos y escrutadores. Se puede comenzar por sacarlo de la jaula, utilizando ambas manos como plataforma, colocarlo sobre el cuerpo propio, en posición de tumbado sobre una alfombra, de tal forma que si resbala y cae sólo lo hará sobre una superficie acolchada. Si éso ocurre, no temerá resbalar, no lo asociará a algo que le ha lastimado. Tenerlo contra el pecho, ayudará aún más a que identifique el olor corporal de sus amigos humanos, que le distinga y le relacione con todo lo bueno que le suceda en los juegos fuera de la jaula.

De todas formas, las mejores tiendas de animales tienen una gran oferta de juguetes, productos para mascotas, adaptados para jerbos y hamsters que se puede comprar a partir de un surtido tan colorista como original.

Hay que recordar que, tanto los jerbos como los hamsters, pueden ser rápidos y habilidosos corredores que, si se escapan de al control de sus cuidadores, pueden ir por su cuenta a investigar o protegerse bajo muebles bajos y poco accesibles. Si ésto ocurre, no pasa nada, si la relación del animal con su amigo humano ha alcanzado la aceptación suficiente, bastará con que se le muestre una de sus golosinas preferidas para que salga de su improvisada madriguera. Éso sí, antes de jugar con él, asegurarse de que todas las puertas y ventanas están cerradas, que no hay otras mascotas en el mismo lugar, como un gato o un perro, y que todo lo que encierra peligro está también bajo control. Tu juego, tu satisfacción, la de ambos, os la agradecerán.

Una de las incomodidades más habituales en nuestra relación con mascotas pequeñas, como los hamsters y las ardillas comunes o las listadas, en el reducido espacio de nuestros hogares, es el olor que despiden sus amontonamientos de comida dentro de las jaulas. Hamsters y ardillas atesoran cantidades, a veces ingente, de comida en descomposición que forma parte del hábito, de la conducta de estos animales salvajes a fin de cuentas. Una conducta incómoda que podemos sobrellevar si cumplimos una serie de requisitos, que, en cualquier caso, pasan por el respeto de las conductas naturales de estos animales.

Hamster

Los malos olores pueden dificultar la convivencia con los hamsters

Y no es para menos, en el caso del más pequeño, el hamster. La palabra hamster viene del alemán, y podría traducirse como ‘acaparar’, debido a su afición natural a atesorar alimentos y otros objetos siempre de forma compulsiva. El hamster transporta su comida hasta el refugio en los llamados abazones, unas bolsas situadas a ambos lados de la cabeza, que, cuando está llena, le da un aspecto un tanto cómico.

Una forma de evitar este trasiego de comida es reducir la cantidad de alimento que se le proporciona al animal para que no la amontone y se pudra en alguno de los rincones de su madriguera casera. Es aconsejable también que se le retire los restos del forraje mohoso. Además, de esa forma se podrá comprobar si el hamster tiene aún semillas para alimentarse suficientes en sus ‘depósitos’, si se le debe dar nueva comida fresca o si ha de aplazarse su ración para el día siguiente.

Es importante que revisemos la madriguera del hamster y que lo hagamos cuando el animal esté fuera porque es ahí donde acumula su comida. El cambio de la superficie de algodón que le sirve de soporte en su cubil ha de sustituirse todas las semanas y nunca colocársela o trabársela con piezas de metal o plástico que pueda ingerir incontroladamente y afectar a su salud. El hamster debe acomodar su madriguera como lo haría un animal salvaje en la naturaleza. Unos complementos y alimentos para su vivienda que podemos comprar en cualquier tienda especializada en productos para hamsters.

Ardilla

Las ardillas también pueden ser mascotas domésticas

La ardilla silvestre, la más común, tiene la misma costumbre que el hamster de almacenar y almacenar todo el alimento del que puede disponer. La ardilla suele mantener pequeños almacenes para esconder una ración de comida suficiente para el día. Y otros mucho mayores, que en otoño se llenan con una cantidad de víveres suficiente para dejar transcurrir sin preocupaciones el invierno y los primeros meses de la primavera.

Ése es el comportamiento de una animal salvaje que habremos de corregir o, al menos, adaptar. En casa, las cosas deben ser diferentes. En cualquier caso, siempre tendremos la ventaja de que la base de su alimentación, compuesta por nueces, piñones, bellotas, bayas, avellanas, cacahuetes o semillas, es más seca y tiende a no descomponerse como lo haría la de los hamsters. La observación de lo almacenado también es, como hemos apuntado, una garantía de la salud de nuestra mascota.

La ardilla listada o coreana tiene el mismo comportamiento que el de los hamsteres y el de su prima, la ardilla común, guarda alimentos de forma metódica que también corren el riesgo de pudrirse y oler mal. En el caso de la ardilla listada, la tendencia del animal es hacer su nido con todo el material disponible. En consecuencia, cuanto más elementos les proporcionemos para ese fin más complicado será luego el proceso de inspección.

Hay que recordar que la higiene de la madriguera de la ardilla es una garantía para la conservación de la salud de nuestra mascota. Para la confección de una ‘vivienda’ para nuestra ardilla, bastará con la adaptación de los nidos para pájaros, en especial, los fabricados en madera con un agujero más o menos largo que servirá como acceso y que tendrá una forma cilíndrica.

Quienes se dedican a la cría de las ardillas listadas coreanas, hacen hincapié en que las medidas del nido más razonables son las de un cubo de entre 15 y 20 centímetros de longitud, en todos sus lados. Las medidas deben ampliarse en el caso de que la ocupe una hembra preñada que puede estar en disposición de acoger crias en el futuro. En cualquier tienda especiada de animales, podremos comprar un habitáculo que se adapte a las necesidades de nuestra pequeña ardilla listada.

La convivencia con hamsteres y ardillas en el entorno de nuestro hogar ofrece una oportunidad para dejar entrar un trozo de la naturaleza al espacio familiar más íntimo, pero también es una ocasión para ofrecer nuestra comprensión y tolerancia hacia la vida y las costumbres de unos animales salvajes en esencia.

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