Los perros y los gatos siguen siendo las mascotas más comunes en nuestro entorno, en especial en el de las ciudades. Sin embargo, se trata de animales que están en semi libertad en nuestros domicilios, no tienen jaulas y sus movimientos se ajustan a sus instintos. Instintos que no siempre coinciden con nuestras necesidades.
Perros y gatos necesitan espacio que tal vez no podamos darles en el reducido entorno de nuestras viviendas de bloques. Su celo, la tendencia a rasgar y a arañar muebles, cortinas y alfombras o a dejar sus deposiciones en nuestros salones y pasillos los convierte a veces, si no somos capaces de educarlos correctamente, en incómodos compañeros de viaje.
Pero hay otros animales, más pequeños, cuyo comportamiento, en cambio, se ajusta a nuestro entorno doméstico, comen poco, sus deposiciones y olores pasan desapercibidos, viven en jaulas que no ocupan mucho espacio y apenas se les nota, porque, en muchos casos, tienen incluso una vida nocturna y muy silenciosa.
Nos referimos a los roedores, que abarcan toda una colección de animales, de diferente tamaño, pero con un comportamiento bastante similar. Juguetones, animados, curiosos, confiados, siempre motivados, los roedores son la delicia de los niños que los cogen en sus manos para estimularlos a hacer cabriolas y movimientos circenses.
Roedores son las chinchillas, los gerbos, las ardillas, las cobayas, los hurones o los conejos y, por supuesto, los mismos hamsters que podemos comprar en cualquier tienda de animales, junto a su pienso, sus suplementos, toda la comida y los productos para animales que completan su escaso pero llamativo ajuar de juegos ‘de salón’, de nuestro salón.
Los roedores, por término general, no necesitan ninguna comida complicada. Resulta barata, es una alimentación dosificada, en forma de pienso, y está a nuestro alcance, la podemos comprar también en cualquier tienda de animales bien paquetizada y variada.
Como hemos comentado, los roedores tienen terrarios pequeños, alojamientos igualmente sencillos que son fáciles de instalar y de comprar en las mismas tiendas de animales donde hemos adquirido a nuestro hamster, a la ardilla, al hurón, a la chinchilla, al gerbo, al conejo de colores imposibles y a las mansas cobayas.
De los roedores no debemos esperar muchas complicaciones de salud. Hay que pensar que con una alimentación adecuada, una buena hidratación y un control mínimo, no tendremos que preocuparnos sobre su salud. Muchos de ellos, como el gerbo, proceden de lugares remotos en los que el alimento y el agua no están siempre disponibles.
Su metabolismo y su comportamiento están adaptados para resistir unas condiciones de vida que pueden llegar a convertirse en extremas. En nuestra casa, con una alimentación suficiente, viven a cuerpo de rey y hay pocas posibilidades de que se expongan a virus, parásitos o agentes patógenos que les haga perder esa salud y vitalidad que nos regalan con sus movimientos gimnásticos.
Su ‘gimnasia’, en el caso de los gerbos, y sobre todo de los hamsters, se circunscribe a sus ruedas de ejercicios, esas de vistosos colores que podemos comprar en las tiendas de animales. Movimientos que no los expondrán a accidentes, como en el caso de perros y gatos que vagan libres por casa.
Aún más, a los hamsters, a las chinchillas, a los gerbos, a los conejos, a los hurones y a las cobayas se les puede dejar solos con suficiente comida durante algún tiempo. Unos roedores que, confinados en sus jaulas, nos espearán a que volvamos a casa.
Tampoco se puede decir que los roedores, por las razones anteriores, puedan llegar a cambiar las rutinas de la casa. Si acaso, podemos decir que durante las vacaciones y si nos ausentamos tendremos que buscar con quien dejar al hamster y a los otros roedores. Pero, siempre hay familias que deciden llevárselos también de veraneo a la playa.
A fin de cuentas, apenas ocupan lo que llena una mano y, en todo caso, lo que abarca la jaula en la que viven. Una compañía de autobuses, un viaje en tren o un vuelo en una compañía aérea para ir de vacaciones ya no son inconvenientes para que nuestro roedor nos acompañe como uno más de la familia.



