Hamsters y hurones son animales de compañía que hacen las delicias de los más pequeños en casa, con sus juegos, con sus movimientos, con sus habilidades para esconderse e interactuar con todos y especialmente con los juguetes que se pueden comprar para ellos en las tiendas de animales.
Los hurones y los hamsters tienen un buen comportamiento, una buena predisposición a aceptar esa deseable interacción con los humanos, especialmente si los hurones y los hamsters se han socializado desde pequeños, si han convivido desde crías en casa con los niños, con los adultos y se han familiarizado con el entorno y hasta con los olores y las voces de cada persona.
Son animales que pueden ser temerosos, pero es todo un triunfo y una satisfacción para sus cuidadores conseguir que participen de la convivencia en casa, como uno más.
A pesar de la buena socialización de los hurones y de los hamsters, a pesar de la aceptación de los humanos, nunca hay que olvidar que en sus comportamientos siguen latiendo los de animales salvajes que son lo que son, a fin de cuentas. Tener esto presente es una norma básica para tratar con estas mascotas.
No está de más, en cualquier caso, y en esa línea de tratarlos como animales, saber cómo no importunarlos, como evitar forzarlos o huir de hacerlos sentir acosados o presionados.
Así, algo básico es saber cómo cogerlos, cómo manipularlos con las manos, para evitarles daños, pero también para controlarlos, para recogerlos y retornarlos a su jaula cuando el juego ha acabado, o cuando, simplemente queremos retirarlos de donde están porque molestan.
Una forma poco ortodoxa para coger a un hamster que no esté muy domesticado es utilizar una caja de cartón colocada cerca para que se introduzca en ella y así poderlo atrapar. Esto es muy práctico si, por ejemplo, el hamster se ha escapado.
Para conseguir que busque cobijo en el interior de la caja, hay que frotar el interior de la misma con parte del sustrato contenido en la jaula, de forma que reconozca su olor y le resulte familiar entrar en la caja.
Colocar algo de comida, la base de su alimentación preferida, ésa que podemos comprar en la tienda de animales más cercana, también puede ayudar.
Pero si lo que queremos es trasladar de un lugar a otro a un hamster dócil y domesticado, moverlo no supone ningún problema. Hay que sujetarlo con las manos desnudas y no con ningún tipo de guantes o protección parecida, eso nos impediría tener contacto con el cuerpo del animal y apretar demasiado o, todo lo contrario, llevarlo sin sujetar con el riesgo que ello supone de que se nos vaya de las manos. La idea es sujetarlo sin apretar.
Otra cosa es que el hamster muerda, en ese caso, si lo llevamos con las manos, nunca hay que agitarlo o dejarlo en el suelo con urgencia. Hay que guardar la calma, llevarlo, por ejemplo a su jaula y depositarlo en el sustrato, cerca de su comida, el hamster soltará de inmediato cuando se sienta seguro en un lugar que reconoce.
Suele funcionar bastante bien sujetar al hamster por la nuca, como hizo su madre en el tiempo en el que fueron crías. Se consigue inmovilizar al hamster, sin embargo la sujección ha de centrarse en el pliegue de la piel situado en su nuca y nunca en el pelo. Lo más razonable es probar en diferentes momentos en los que no se tenga que hacer traslados del animal para descubrir el sitio por donde asirlo.
Resulta razonable acercarse a una tienda de animales donde solemos comprar su comida para pedir ayuda sobre cómo acerlo, o, mejor aún, en la consulta de un veterinario, ambos profesionales sabrán mostrar como se sujeta con firmeza a un hamster.
El caso de los hurones es similar, pero también tiene unas peculiaridades que los distinguen de los hamsters. La primera, que se trata de animales más grandes y proporcionalmente más agresivos que los casi siempre tranquilos hamsters.
Funciona bien también asirlos por el pliegue de la nuca, que nunca del cuello, porque podemos dañar a un animal que instintivamente se revolverá contra nosotros. Se trata de sujetarlo durante unos segundos para controlarlo y llevarlo de un lado a otro cercano, no someterlo a una presa.
Si en el caso de los hamsters es recomendable no usar guantes, para tratar con hurones sí lo es. La reacción instintiva de desagrado, dependiendo de la personalidad y de la experiencia de cada hurón, será morder. Y si muerde el guante es importante que le hagamos saber que no debe hacerlo con un contundente y sorono ‘¡no!’. Si el animal no percibe que su conducta es inapropiada seguirá mordiendo.
El objetivo es que, con el tiempo, y con una reiteración y con esas señales de advertencia, el hurón se deje coger sin temor por la nuca, sabiendo que no se le va a hacer ningún mal. La costumbre de hacerlo así, y de forma reiterada, dará frutos con el tiempo.


