Archive for octubre, 2011


Los hamster tienen muy buena imagen en la cultura popular, los hurones en cambio suelen encarnar los papeles secundarios y menos agradecidos en películas de animación, cuentos y comics.

En las películas de animación el hámster suele encarnar a la mascota simpática y bonachona.

Sin embargo, la realidad puede ser muy diferente. Los hurones bien socializados son una delicia para niños y familias. Algunas variedades de hamsters, cruzados de manera inadecuada, se muestran agresivos y poco acordes con la fama ganada en las pantallas.

Los hamster tienen buena prensa, el cine ha hecho de ellos hasta héroes de películas infantiles. Se les suele representar juguetones, alegres, predispuestos a la actividad e incansables. Desde luego, el hamster es un animal que figura entre los bondadosos del bestiario humano.

¿Podemos decir lo mismo de lo hurones? Guiados por esa misma representación de nuestra cultura de consumo, los hurones no tienen precisamente un buen registro de amigos. Se les representa de una forma totalmente contraria al hamster, taimado, receloso, avaricioso, codicioso y hasta reservado y arisco.

Así las cosas, qué hay de verdad en todo ésto, qué hay de cierto en el comportamiento de estos pequeños animalitos que los haga agradables en el trato y sensibles a dejarse acompañar sin miedo por los seres humanos, especialmente por los niños.

Pues, como se suele decir también en el mundo del espectáculo, la verdad supera a la ficción. Ni el hamster es siempre ese animal exquisito y delicado que se representa, ni el hurón es un riesgo como mascota. Como siempre hay matices.

El hurón es un animal dócil, sí, dócil, si se le trata adecuadamente y se le deja confiar en las personas de su entorno. La comida, su alimentación de la mano de las personas de la familia es una buena forma de ganarse la atención y esa confianza que se traducirá en la seguridad de que el animal mantendrá su carácter benigno y juguetón en todo momento.

Se trata de dar pie a una confianza mutua, que empieza a labrarse desde el primer momento en el que el animal llega a casa después de adquirirlo en una tienda de animales.

El hurón no hace ruido, aparentemente no se queja, no chilla, como otros animales, no se dejan el pelo por todos lados como otros animales algo más mayores que él como el gato o los perros de lanas pequeños. Son muy inteligentes y recuerdan quienes los benefician, como también recuerdan donde se les ha enseñado que dejen sus heces.

Y vamos con los hamsters. Su buena prensa dice que son tranquilos y dóciles hasta decir basta. Pues no. Hay una variedad, los negros, los Campbell que podemos comprar en las tiendas de animales que suelen responder mal a los agobios y el manoseo. Es más, suele morder.

Los hamsters Campbell son una raza exclusiva y se les ha cruzado hasta la saciedad, produciéndose aspectos que se apartan del pelaje tipo, y es que hay Campbell que son blancos y con los ojos rojos, exageradamente rojos.

La hibridez y los cruces no convenientes podrían estar detrás de este tipo de comportamientos inapropiados en animales que se pueden comprar como mascotas en las tiendas de animales.

Cruces en los que se aprovecha la alta tasa de fertilidad y de crecimiento de las pequeñas poblaciones de hamsters en pequeños lugares, con muy poca demanda proporcional de alimentos.

Otro dado. Por regla general, los machos de hamster son más dóciles que las hembras, que, en el caso de tener crías, se vuelven irritables, recelosas y hasta agresivas. En principio, lo que se decía sobre el comportamiento de los hurones. La verdad es que nada es lo que parece como estamos viendo.

El gecko y el camaleón son reptiles que comparten buenas adaptaciones naturales a su medio originario. Sin embargo, cuando se ven obligados a vivir como mascotas en el entorno humanizado de nuestras casas, sus condiciones de vida pueden entrar en desequilibrio.

Los reptiles en los terrarios no encuentran toda la variedad nesesaria para su alimentación

Falta de calcio, reducción de la ingesta de vitaminas esenciales o el stress motivan el desencadenamiento de disfunciones y una espiral de dolencias que pueden llegar a comprometer la salud de estos reptiles.

El gecko es un reptil al que podríamos calificar de animal muy resistente. Su hábitat natural es el desierto, las zonas esteparias, en las que la presencia de una alimentación abundante y variada, no es nota común.

El gecko es resistente, sí, y lo es a la falta de algunos minerales esenciales. Sin embargo, en los terrarios donde los alimentamos no encuentran toda la variedad de su alimentación que podría hallar en el medio natural e incluso las piedras que podría mordisquear para proveerse de forma instintiva de la proporción química que necesita su organismo tampoco están disponibles.

Así, se producen carencias que un cuidador de reptiles debería conocer en función de los síntomas que se pueden detectar en el cuerpo y en el comportamiento del reptil. Se trata de carencias que pueden convertirse en afecciones y en enfermedades graves. Una de esas carencias es la del calcio.

La falta de calcio en el cuerpo del gecko se traduce en movimientos muy pausados del reptil, letargo evidente, inmovilidad, mandíbula débil y dolores en ella y en las articulaciones del gecko.

Un truco muy efectivo es añadir suplementos de calcio en forma de polvos sobre el insecto que come el reptil, pero hay que tener cuidado en la composición del suplemento. Si tiene cierto contenido también de fósforo, habrá que desecharlo en la medida en que ese componente se anula el efecto del calcio.

El calcio para estos reptiles lo podemos comprar en cualquier tienda para animales sin ningún tipo de problema, junto a suplementos y cualquier otro tipo de medicación que nos recomiende el veterinario, si llega el caso.

Otro mal que afecta de forma común a los geckos es el atragantamiento de su boca y de los conductos digestivos y excretor como consecuencia de la acumulación de arena o de tierra fina no evacuada.

Resulta común como hemos comentado que el gecko coma tierra para encontrar aportes de calcio de forma instintiva y que, en este proceso, parte de la tierra se compacte en el interior del cuerpo. La solución más común es poner a su disposición cierta cantidad de calcio. El calcio nuevamente como remedio para un reptil duro, pero con una salud que ha de estar en constante equilibrio.

En los camaleones, unos reptiles también muy comunes en nuestros hogares, se dan los casos de letargia que hemos visto en los geckos. Se trata de comportamientos característicos dominados por la escasa movilidad, por la dificultad para mantenerse también sobre sus patas.

Los camaleones con estos comportamientos parecen desorientados, en fase continua de somnolencia durante el día, momento en el que se supone que han de estar alertas para completar su alimentación.

El origen de este comportamiento anómalo del camaleón es la falta persistente de vitaminas por una alimentación inadecuada en la que no están presentes las que el reptil necesita diariamente.

La hipovitaminosis es una de las causas de enfermedades más común entre los camaleones, y, entre otros muchos reptiles. El cambio de las condiciones alimenticias están en el origen del problema. Se trata de una comida que no es la habitual en su medio natural y, en ocasiones, hasta peligrosamente repetitiva.

Hay también a disposición de los cuidadores toda suerte de suplementos para la comida de los camaleones que también se puede comprar en las tiendas de animales.

Un último apunte sobre enfermedades comunes en los camaleones. El stress puede ser el desencadenante de muchas enfermedades en estos reptiles, sobre todo entre los que no han nacido en cautividad en una tienda de animales, por ejemplo, sino que han sido capturados en el medio natural.

El stress a las condiciones en las que convive con otros animales de su especie, o reptiles diferentes, una iluminación inadecuada y hasta sonidos estridentes, modifican el ánimo y el comportamiento del reptil hasta variar su alimentación y degenerar en un estado de desnutrición o deshidratación que puede ser peligroso para su salud.

Observar al animal, su comportamiento, consultar con un veterinario, o dejarse aconsejar por los responsables de una tienda de animales es el comienzo de una andadura por la senda del cuidado de nuestro camaleón.

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