Archive for septiembre, 2011


Chinchillas, cobayas y hurones no pueden vivir juntos, aunque si pueden mantener una buena vecindad en jaulas separadas. En estas líneas explicamos bajo qué fórmulas se mueve la interacción entre estos animales y cuales son los límites para compartir espacio.

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La convivencia entre distintas especies es complicada

Una pregunta que suelen hacerse los amigos de las mascotas más pequeñas es si es posible que convivan unas con otras y, en caso de ser posible esa tolerancia mutua, en qué parámetros ha de moverse, cómo ha de lograrse y qué es lo que hay que impedir.

Las mascotas más pequeñas son más fáciles de comprar en las tiendas de animales, su precio es relativamente bajo o muy bajo, dependiendo del animal, y en muchas ocasiones son el regalo perfecto para los niños más pequeños.

Pero es aquí donde puede comenzar el conflicto. Si se compra un pequeño roedor y más adelante se acude a la tienda de animales para comprar otro, podemos contribuir a crear un problema de convivencia en las jaulas o en los terrarios de estos animales.

Informarse para evaluar las consecuencias de las incompatibilidades y hasta de las compatibilidades bajo ciertas condiciones especiales es una forma inteligente de evitar un problema y, desde luego, también para no crearlo.

Por otro lado, no resulta apropiado regalar a un niño pequeño una mascota para que se responsabilice con su cuidado, si el resultado va a ser trifulcas constantes en las jaulas, peleas que no son deseables de las mascotas que no son deseables que compartan los niños.

Visto ésto vamos por partes. ¿Es posible la convivencia por ejemplo de hurones y chinchillas? Pues no, rotundamente no. Los hurones son animales carnívoros que comen éso, carne, y las chinchillas y especialmente sus crías podrían ser una fuente de alimentación accesible que un cuidador no debe poner a su alcance.

Por otro lado, los hurones también son animales muy inquietos, que basan su estrategia de supervivencia en el medio natural en la ocultación y en una movilidad extrema para colocarse fuera del alcance de zorros y lobos, sus principales enemigos en libertad.

En cambio, las chinchillas son animales tranquilos, apacibles y hasta sosegados, que acabarían si no siendo la comida, la alimentación de los hurones, si sufriendo un stress, como comentamos, caso de sobrevivir a los primeros envites dentro de la misma jaula.

¿Y qué podemos decir de las chinchillas y las cobayas? ¿Pueden convivir juntas? Aparentemente no hay incompatibilidades en cuanto a espacio. En las jaulas altas, en las que hay una mayor altura en proporción a su ancho, y que se pueden comprar también en las tiendas de animales como adaptación para cada una de estas especies; se pueden segregar los hábitats de cada uno de estos animales ¿Cómo?

Pues dejando que por instinto, y como consecuencia de una adaptación a la forma en la que habitan en la naturaleza, las cobayas se instalen en la parte alta y las chinchillas en la zona baja. En principio puede funcionar pero en la realidad tampoco es aconsejable.

Ambos animales, y especialmente la chinchilla que resulta un animal más movido y combativo, pueden intercambiar las partes que habitan. Mientras que la chinchilla siempre tendrá la opción de desplazarse hacia arriba para alejarse de la o de las cobayas, no ocurrirá lo mismo con las últimas que no podrán huir hacia abajo porque no es su espacio natural.

Otro problema es que ambos animales compitan por comerse la comida del contrario. Los piensos en todos los casos, no son compatibles y se pueden dar casos de animales que enfermen porque su alimentación carece de los nutrientes básicos para conservar la salud de cada especie.

Así, de manera evidente la convivencia es un equilibrio tan poco estable que el riesgo no justifica el atrevimiento de intentarlo. Por ambos animales, lo mejor es dejarlo, dejar a ambas especies separadas.

La solución definitiva para poder tener a todos estos animales descritos, roedores o no, es colocarlos cerca pero nunca en las mismas jaulas. Si mantenerlos a la vista de escucharse mutuamente y de verse, no resulta incompatible esa puede ser la solución. Juntos, pero no revueltos.

Conejos y cobayas son animales muy similares, en su aspecto físico y, a veces, hasta en su comportamiento. Sin embargo, las apariencias pueden engañarnos, los conejos se muestran más agresivos y más dominantes y si se busca una convivencia exitosa en el mismo lugar para ambas especies habrá que hilar muy fino para hacer todo lo posible para que se toleren.

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Una buena convivencia entre conejos y cobayas es puede conseguir mediante su integración gradual

O para ser más exactos, para que los conejos no abusen de su peso, agresividad natural y tesón territorial, y para que las cobayas no sufran de un stress innecesario bajo una convivencia imposible.

Un primer consejo para conseguir que se pueda producir una aceptable convivencia entre conejos y cobayas es introducir en la misma jaula sólo a animales jóvenes, cuanto más jóvenes mejor.

El motivo es fácil de comprender. Cobayas y conejos que no hayan desarrollado su instinto territorial natural tienen más garantías de convivir juntos en la misma jaula con éxito.

Otro elemento a tener en cuenta, la castración. Si conseguimos que, además, tanto el conejo como la cobaya estén castrados, tendremos muchas posibilidades de que cuando lleguen a la madurez sexual y pasen por su ciclo de celo, no se hostiguen mutuamente, especialmente los conejos que suelen ser más voluminosos y más agresivos en este sentido.

Cobayas y conejos son animales muy territoriales, como sucede con muchos roedores, aunque el conejo no lo es. Trasladar a uno de ellos a la jaula donde previamente ha convivido sólo el otro es lo más parecido a una invasión, a una intromisión que un conejo o una cobaya, indistintamente, no pueden permitir por instinto natural de conservación.

Más aún, compartir espacio de comida para una alimentación segregada, pero casi en común por el volumen que ocupan los animales dentro de la jaula y por sus mismas dimensiones tampoco es muy sensato.

En las tiendas de animales, en cualquier caso, podemos comprar jaulas adecuadas con diseños muy diferentes y habitabilidades segregadas que pueden estar a la altura de lo que significa una convivencia tolerada entre estas dos especies de roedores tan comunes como mascotas.

Una estrategia que puede ser muy productiva y que se hace con otro tipo de animales es la de ponerlos juntos en intervalos de tiempo breves. Se trata de dejar que la cobaya y el conejo se ‘vean las caras’, se olfateen y comiencen a ver con naturalidad al otro.

Se puede empezar por ponerlos juntos, más bien cerca, en una zona espaciosa, pero acotada, como un patio o un huerto cercado. Primero cinco minutos, al día siguiente el mismo tiempo, luego en días sucesivos algunos minutos más, hasta que pasemos de los minutos a las horas y a la convivencia a todo tiempo que buscamos.

Si pudiéramos elegir que animal ha de introducirse en segundo lugar, deberíamos decir que la cobaya. Volvemos a uno de los primeros argumentos, los conejos pasan por más agresivos y las cobayas son más roedores pasivos y más tranquilos.

Resulta paradójico que sea más fácil que una cobaya y un conejo puedan convivir que que lo hagan dos conejos, las cobayas son animales como hemos comentado más tranquilos y dóciles y los conejos aún con individuos de su misma especie se vuelven competitivos y hasta luchan por la comida y por los lugares de la jaula que resultan más confortables.

La docilidad de las cobayas llega hasta tal punto que se dan casos de animales que copian los hábitos de otros. Así, nos llegará a sorprender, seguro, ver a cobayas yendo a orinar o a defecar exactamente en el mismo sitio en el que lo hacen sus compañeros de jaula, los conejos.

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