Las serpientes están llamadas a ser los animales de compañía de los próximos años. El tamaño reducido de las viviendas, las nuevas fórmulas familiares, la búsqueda de la naturaleza y la fuerza con la que se ha instalado lo exótico y lo original en nuestras costumbres, abrirá rincones en nuestro entorno para los terrarios de estos reptiles tan singulares.
Las serpientes, sean de la especie que sean, tienen la ventaja añadida de que no hay que estar sobre ellas para alimentarlas todos los días, son muy independientes en ése sentido, tampoco es que necesiten mucho espacio para vivir, y, por si fuera poco, no hay que sacarlas a pasear, y no se quejan por ello. Vivir con serpientes es armarse de paciencia y dejarse llevar por su ritmo y su quietud, una terapia muy efectiva contra las prisas y el stress humano.
Por lo que se refiere a su organismo, sus deposiciones no son malolientes ni abundantes y sus cuerpos largos y estilizados no despiden olor corporal alguno. Cambian la piel, sí, pero de tiempo en tiempo, no como las aves o los animales peludos, que reparten sus plumas y sus pelos cada vez que hacen una muda. Tampoco se sabe de casos de incompatibilidades alérgicas con los humanos.
Y si hablamos de acicalarse, a las silenciosas serpientes no tenemos que cuidarles dientes, uñas y pelo, al que tanto tiempo dedicamos, sobre todo en el caso de los perros de compañía.
Tener una serpiente en casa, en cualquier caso, tiene una dificultad que no comparten algunos animales salvajes, que es su alimentación específica.
Escojamos la variedad de serpiente que escojamos, se recomienda que a la hora de comprar una serpiente en la tienda de animales elijamos una cría por el encanto y el atractivo que supone iniciar a este animal salvaje en su alimentación, verla crecer y adaptarse con nosotros a su nuevo medio, nuestra casa. No obstante, la elección de la especie debería hacerse tras una consulta, por ejemplo, con un especialista veterinario al que le plantearemos nuestras dudas de principiante.
Tener una serpiente en su estado infantil, con pocos días de vida, nos obligará a buscar estrategias para que el animal busque su alimento en un medio totalmente desconocido. Una serpiente es una animal salvaje asustadizo en ocasiones, al que los olores, los sonidos o las vibraciones pueden afectar de forma decisiva, hasta tal punto que puede no comer si percibe esas sensaciones como una amenaza desconocida en su entorno.
La alimentación de las serpientes se basa en ratones, llamados popularmente pinkys, que podemos comprar en cualquier tienda especializada de animales. Las serpientes muy jóvenes no comen después de su nacimiento hasta pasadas dos semanas y sólo hasta que mudan su primera piel.
Una vez que haya pasado este tiempo podremos empezar a alimentar a la serpiente colocándole el pinky justo delante de donde se encuentre dentro de su terrario. Lo normal es que nuestro reptil devore al ratón, como lo haría un animal salvaje. Hay que tener en cuenta que las porciones de comida que se han de administrar a las serpientes tienen que guardar una relación con su tamaño, una sexta parte de su longitud es una buena referencia.
Si tras esperar unas tres horas, la serpiente no ha comido su ‘presa’, habrá que cambiar el plan de acción, si bien hay que tener algo en cuenta. Como se ha apuntado, las serpientes son animales muy sensibles a las condiciones del entorno, un cambio de humedad, de temperatura o de olores pueden desencadenarle miedo y estress. Conviene lavarse bien las manos, no usar perfumes y desodorantes delante del animal, abstenerse de fumar o retirar el terrario de las corrientes de aire y de los entornos perfumados de los ambientadores caseros.
Si el animal no hace intención de comer, dejaremos pasar dos o tres días y volveremos a intentarlo exactamente igual, pero en horas de la noche, si tampoco lo conseguimos, probaremos a estimular su instinto de animal salvaje, sujetando el ratón con unas pinzas largas y acercándole el pinky a la altura del hocico, dando unos pequeños toques en la boca, nunca en la cabeza, porque corremos el riesgo de asustar a la serpiente. Lo normal es que el reptil abra sus fauces y devore al ratón.
Si tampoco lo consiguiéramos, deberemos proceder a cortar un trozo de la cola del ratón, en su porción más ancha, e introducirla en la boca de la serpiente para que la engulla, para facilitar la operación buscaremos la forma de masajear la garganta del reptil para conseguir que la trague. En las horas siguientes estaremos muy pendientes de que la serpiente no regurgite la comida que tragado.
Hay que recordar que las serpientes no mastican la comida, que la engullen y que son unos poderosos ácidos con un PH alto los responsables de disolver el alimento, incluso los huesos de los vertebrados. En el caso de que sea necesario, se recomienda el uso de suplementos para reptiles.
Trabajar en favor de la alimentación, esforzarnos en hacerlo de forma adecuada para ayudar a nuestro nuevo compañero animal es una forma de interaccionar con la serpiente y de disfrutar de la naturaleza armados de responsabilidad, nuestro sentido del compromiso y con toda la paciencia que podamos.






